DE LA INDEPENDENCIA A LA CUARTA TRANSFORMACIÓN DE MÉXICO por Ricardo Peralta Saucedo

17 de Septiembre de 2018

Publicado originalmente en Excelsior

Macuincanhuitz era el sobrenombre poético del rey Totoquihuatzin de Tlacopan. Este poema traducido del náhuatl, me hace reflexionar sobre su visión del poder:

“Cuando era un simple poeta podía dar placer al dios con mi canto. Ahora que soy rey ya soy un pobre y un desdichado. Ya mis cantos no tienen valimiento”.

Como el meteorito que cayó en Yucatán y provocó la extinción de los dinosaurios, así de profundo debió ser el choque cultural entre los milenarios antiguos de México y los colonizadores españoles. Así también, después de más de diez años de guerra para lograr la independencia las dolorosas heridas abiertas comenzaron a cicatrizar con el aire de la libertad, sin embargo, hubo tres grupos que continuaron teniendo desavenencias después de la guerra de Independencia.

Los españoles netos, fueron los dueños del país en virtud de la conquista y confiaban en que la independencia no desconocería el reinado de un príncipe español. Los criollos, mezcla de indígenas y españoles, ajenos a los cargos públicos y a los privilegios de los primeros, para los la independencia era un aliciente esperanzador en todos los ámbitos de su vida, el tercer grupo era el de los naturales, el de los ancestros prehispánicos, quienes siempre ocuparon la última escala social, denostados y explotados por los conquistadores, incluso odiados.
Fueron ellos quienes engrosaron las filas de las tropas independentistas.

Gracias al Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba se dieron las bases de la Independencia, pero fueron absolutamente insuficientes, se estaba gestando el nacimiento de un país. La administración fiscal, la recaudación de contribuciones tendría efectos distintos, la legislación civil y militar tendría que modificarse profundamente, el comercio estaba casi en ruinas, la urgencia de organizarse institucionalmente y la resistencia para dejar las canonjías fue funesta.

Iturbide hizo la siguiente convocatoria: “Llamar a aquellos hombres de todos los partidos que disfrutaban cada uno en el suyo el mejor concepto”. Nombró a 38 individuos para formar la Junta Provisional Gubernativa, ésta compuesta por obispos, militares españoles, un rector de la Universidad, abogados, nobles, curas, hacendados. El descontento social por las características de tales personajes aristocráticos y la exclusión de los insurgentes y partidarios de la república crearon un serio agravio.

El 28 de septiembre de 1821, en Palacio, Iturbide dio el siguiente discurso: “Una vez derrocada la tiranía, a ellos les tocaba sustituirla por la razón y la humanidad, que él ofrecía tributo de su obediencia a una corporación que reconocía cual suprema autoridad”.

La Junta Provisional Gubernativa decretó como primer acto de sus facultades el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Uno de los múltiples problemas que tuvo que afrontar la nueva república, fue el de regular el comercio libre con todas las naciones, ni existían lo aranceles marítimos, ni se habían designado los puertos donde el comercio de altura debería practicarse, faltaban reglas para recibir las mercancías y el pago de derechos para internar mercancías, una crisis en la inexistente aduana. Comenzaban los retos para una nación en construcción.

En este aniversario de nuestra independencia, cabe reflexionar, que cada transformación es un reinicio y reparación a fondo del país entero, que no es inmediato, que es apenas el inicio, que los resultados se deben esperar en los tiempos lógicos y oportunos de cada uno de los distintos procesos de la vida nacional. La independencia fue la primera gran transformación de nuestro país, la reconstrucción después de más de 300 años de ocupación española sigue a la fecha. Han sido necesarias otras transformaciones, estamos iniciando la Cuarta Transformación, la primera pacífica, pero es continuación también de las inacabadas anteriores, en nuestro México lo único permanente debe ser el cambio. La lucha que continúa es contra la corrupción.

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *