03 de Agosto de 2020

El 11 de diciembre del año 2006, el entonces ilegítimo presidente de México lanzó el llamado Operativo Conjunto Michoacán. Así, en su propia tierra que lo vio nacer, dio inicio a la guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado a nivel nacional. Miles de muertos de ambas partes, funerales de militares, marinos, presuntos delincuentes y civiles inocentes, a quienes les llamó: “Daños colaterales”. La ingobernabilidad en su máxima expresión. Ahí comenzó una estrategia fallida, miles de huérfanos michoacanos y de mexicanos de todas las entidades federativas que hoy siguen llorando por sus padres y hermanos, por sus vecinos acribillados. Encendieron la pradera, hoy los operadores de la masacre están procesados por la justicia de Estados Unidos, la suma del contubernio y la corrupción.

La descomposición institucional crea fenómenos criminógenos muy redituables cuando éstos no son perseguidos, cuando la impunidad y la complicidad son una amalgama; así sucedió en Guanajuato y sucede en otras entidades donde el robo de hidrocarburos, popularmente conocido como huachicol, floreció, otorgando millonarios dividendos por décadas, las autoridades sólo actuaron hasta la llegada del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador; la sociedad ni conocimiento tenía del gigantesco robo que se realizaba a manos llenas.

La visita del Presidente a Guanajuato hace unas semanas fue un mensaje solidario a la asolada población, además, fue un acto político para mostrar la firmeza del gobierno federal contra los generadores de violencia. Esa entidad federativa llegó a aportar hasta el 30% de homicidios diarios a nivel nacional.

La detención pacífica de José Antonio “N” alias El Marro, quien presuntamente tenía a una persona secuestrada, es el claro ejemplo de la diversificación delictiva del detenido y puesto a disposición de un juez penal. Guanajuato y la región tenían años de homicidios masivos, se espera que su desactivación sea sinónimo de paz.

El patriotismo debe ganarle la guerra a la corrupción, es lo único que puede salvar a México; que los funcionarios públicos estén lejos de la tentación que provoca el tener bienes muebles e inmuebles al mayoreo de manera ilegítima, se debe aplicar la ley con justicia y sin venganza, no hacerle el trabajo sucio a nadie.

Simular también es un acto vergonzoso, esa mafia es la más dañina y peligrosa, la de los que protegen a un grupo en un claro conflicto de intereses; el que provocó el robo de combustibles y nunca hizo nada por detenerlo y se benefició. Los que contribuyeron a la Estafa Maestra, los cómplices del caso de Odebrecht, los testaferros de los Duartes. Esa mafia que ha dañado a México endeudándolo por generaciones, empobreciendo a millones, ese grupo delictuoso que ha prostituido a algunos medios para fingir informar verazmente, ellos, los moralmente derrotados son la mafia que más genera violencia.

La Cuarta Transformación, con toda convicción, sin descanso, contra viento y marea, seguirá construyendo la paz que tanto anhelamos todos los mexicanos desde hace décadas. Hay buenas noticias.

Publicado a través de : https://www.excelsior.com.mx/opinion/ricardo-peralta-saucedo/el-marro-y-la-mafia/1397594

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