LA PAZ DE WESTFALIA Y LA CONSTITUCIÓN MORAL por Ricardo Peralta Saucedo

27 de Agosto de 2018

Publicado originalmente en Excelsior

El Leviatán, obra magna de Thomas Hobbes, la escribió en 1651. Gracias a esa publicación de avanzada, las ideas políticas en el mundo comenzaron su discusión sobre la teoría del Estado, división de poderes, jurisdicción y contrapesos.

Esto ocurría a tres años de la firma de los Tratados de Paz de Osnabrück y Münster, en 1648, conocidos como “Paz de Westfalia”, que puso freno a la Guerra de los Treinta Años.

La enorme trascendencia de esta firma colectiva crea la idea del “Estado-Nación” y sepulta los feudos.

Westfalia propició, aunque en términos muy básicos, el inicio del derecho internacional, toda proporción guardada; fincó las bases de la legislación común e igualitaria, las relaciones diplomáticas, la integración económica y política de naciones, las fronteras y las aduanas. Aunque es aventurado, considero que, en un sentido figurado, sin esta firma de paz, nunca se hubiera dado vida a la Unión Europea como hoy la conocemos.

También creó las bases de reconocimiento entre las religiones cristianas más importantes de la época, el calvinismo, el luteranismo y el catolicismo.

El laicismo hace su aparición por primera vez en la historia mundial, Europa hace un corte legal para separar a las religiones del Estado. El sentido nacionalista y de patria comienzan a gestarse para ser exportados filosóficamente a todo el mundo. Sobre todo a las colonias, a las que llegó muy tardíamente, con efectos paulatinos; en algunos casos, pasaron centurias, previo a ello hubo eventos independentistas, más guerras, más muertos, más tratados.

Se cree que en tres mil 500 años documentados de la humanidad, sólo ha habido 280 en paz. Los conflictos armados internos y entre naciones han dejado millones de muertos, familias desintegradas, daños colaterales incalculables, la guerra ha sido la peor enemiga de la raza humana. En la mayoría de los casos, hubiera podido ser prevenible y evitable por la vía diplomática.

Las guerras, según la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR)  tienen, en el fondo, más o menos las mismas causas generales:

a) Inmediatas: detonantes a través de los cuales se materializan las diferencias de los bandos en disputa.

b) Lejanas: condiciones estructurales que avivan la confrontación. Pueden estar presentes durante años hasta que se convierten en detonantes.

México, históricamente, ha contribuido consistentemente a la numeralia de muertos producto de los enfrentamientos armados. Pero su tétrica aportación incrementó notablemente, sin tener una guerra, como legalmente se le conoce. Entonces el daño estructural es gravísimo, se tiene que ir al fondo, al inicio, al principio, a las bases.

Las Leyes de Reforma y su posterior guerra fincaron las bases para el espíritu del contenido de la Constitución de 1857, entre otros matices trascendentales que jamás deben alejarse de nuestra nación, el laicismo. Juárez es un estadista inmortal.

En 1944, Jaime Torres Bodet solicitó a Alfonso Reyes que escribiera la Cartilla Moral. Dirigida a adultos en el proceso alfabetizador de la época; fue una guía laica, respetando todas las ideologías y religiones particulares. Su sello fue propiciar la urbanidad entre los mexicanos a través de la cultura general. Es una publicación amena que ofrece el Fondo de Cultura Económica.

La Constitución Moral, como lo entiendo, no es de corte legislativo, es de orden social, es para fortalecer las estructuras morales que han causado desavenencias entre pares, con desconocidos, entre mexicanos.

Quizá a algunos les cause estupor usar la denominación “constitución”, pero ésta NUNCA ha pretendido, como NO lo hizo la Cartilla Moral de Reyes, sustituir a ninguna legislación, es un aporte para mantener una guía para ser justos.

Quien profese una religión en México lo hace con total libertad en los templos o lugares de adoración.

Una constitución moral es universal, no incide con ideología alguna, es rescatar lo olvidado en el corazón humano, es fomentar que la satisfacción de obrar bien es la felicidad más firme y verdadera.

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