LA REFORESTACIÓN DE UN PAÍS ÁRIDO por Ricardo Peralta Saucedo

Publicado originalmente en Excelsior

Maquiavelo decía: “Es de mal ejemplo no observar una ley hecha, máxime si son sus autores quienes dejan de cumplirla; y peligrosísima para los que gobiernan un estado, tener en continua incertidumbre la seguridad personal”.

Un hombre de 1.66 de estatura, 58 kilos, con profundos anteojos y ropa más grande que su fisonomía escurrían en él, se perdía en la fría y lluviosa madrugada, el humeante cigarro abrumaba su poca visibilidad, caminaba lentamente entre las vacías calles de la ciudad, sintió la presencia de tres personas a menos de un metro de distancia tras él, cada vez más cerca le balbuceaban al oído hasta llegar al contacto físico. Un claro ataque que continuó con una zancada que enérgicamente tocó su talón, perdió el equilibrio y cayó de espaldas al piso, desde ahí vio cómo sus atacantes comenzaron a propinarle puntapiés colectivamente, varios asestaron sus partes blandas y la cara, sintió el sabor de la sangre correr por dentro y fuera de la piel.

Menos de un minuto pasó, la escena cambió, uno a uno comenzaron a caer abruptamente al piso, como fardos de res en canal; el discreto hombre dio rápidos golpes mortales, como aleteos de colibrí, manotazos a manera de tiros con mira telescópica en puntos vitales. Un “bóxer” de metal para nudillos resbaló de las manos del último, su centello fue lo último con vida que cayó al suelo. Los atacantes murieron por golpes en terminaciones nerviosas que les detuvo el corazón. Sin mayores lesiones visibles mas que las propias infringidas por el golpe contra el piso al caer. Un misterio que se resolvió por un solo testigo, un indigente. Del agredido no se supo nada, un vengador silencioso y anónimo.

Así, como analogía; los ciudadanos vivimos agredidos por delincuentes y otros personajes similares, azuzados en desventaja, amenazados con violencia, los escenarios no son favorables, el miedo nos hace vulnerables al ataque y el uso de la auténtica y legítima defensa es una práctica cotidiana.

Para enfrentarse al antagonista hay que conocerlo, no dejarse sorprender y ser certeros al actuar, no engancharse ni seguir el ritmo de la provocación; actuar con estrategia, sigilo, docilidad, aunque sea en apariencia y firmeza como forma de talento operativo e intelectual.

¿Cómo priorizar lo que necesitamos como sociedad?, por la necesidad de la mayoría (los gobernados), por el interés de la minoría (estado). ¿Quién toma las decisiones? Cuando no hay señales, lo debe hacer la sociedad civil; los medios de comunicación y las redes sociales contribuyen con su parte, a favor y en contra, orgánicos y pagados, el equilibrio juega su parte.

Desestimar al nuevo Sistema Nacional Anticorrupción no es actuar, lo es construir con propuestas para equilibrar una agenda legislativa nacional, aquí algunas de muchas que tengo:

1. Eliminar el fuero constitucional.

2. Hacer graves los delitos de corrupción.

3. Hacer de la prevención de lavado de dinero una política pública permanente.

4. Fomentar la cultura de la denuncia contra la corrupción.

5. Crear una norma oficial para certificar a instituciones públicas y privadas como libres de corrupción.

6. Fortalecer el servicio civil de carrera, que los servidores públicos accedan por méritos y no por designación cupular.

7. Incrementar la matrícula de jueces y ministerios públicos.

8. Que los culpables por enriquecimiento ilícito cometidos por legisladores o dirigentes de un partido político, tengan responsabilidad civil y electoral.

9. Crear un sistema de recompensas y protección a denunciantes y testigos en casos relevantes por hechos de corrupción.

El ataque consistente al Comité de Participación Ciudadana del SNA, son formas de triunfos pírricos inmorales. Defender esta política pública es cuidar un árbol solitario que está reforestando nuestra árida nación, usemos fértiles defensas para esta gran respuesta a nuestra enorme necesidad social.

Por Ricardo Peralta Saucedo

*Catedrático, Facultad de Derecho, UNAM

Twitter: @ricar_peralta

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