11 de Mayo de 2020

Una vez se les pidió a dos artistas que pintaran cuadros sobre la paz. A uno de ellos se le ocurrió pintar una laguna apacible, rodeada de gran vegetación, oculta entre la geografía fauna bellísima y de expresiones sonoras acariciantes, un lugar para disfrutar; por otro lado, el otro pintor definió expresarse con una enorme cascada, ruidosa, alta y de gran potencia en su caudal poco ordenado, al frente un enorme sauce llorón al que sus ramas acariciaban el interminable flujo de humedad, sobre una de sus miles de ramas un gorrión posaba en su nido apaciblemente calentando a sus polluelos y a su pareja.

La segunda pintura es la paz. Lo que suceda atrás o en otro ámbito no turba la tranquilidad; eso es estar en paz con la conciencia del deber cumplido. Contar con paz espiritual, relacional y con Dios es entrar en una balanza que, en esta condición, es momento de equilibrar y ajustar. 

¿Será que Plauto, en su célebre frase Lupus est homo homini (“El hombre es un lobo para el hombre”, popularizada por Thomas Hobbes), es una sentencia inapelable de la lucha contra el prójimo?

Conozco a un hombre culto y bueno que colecciona balanzas antiguas; instrumentos utilizados por los boticarios y preparadores de medicamentos y sustancias en las droguerías y negocios de antaño; cuando le pregunté el motivo de tal colección, me contestó que era en remembranza a la necesidad de guardar equilibrio y justicia en todo lo que el hombre decide.

El igualador social que resultó ser la COVID-19 desdeñó la posición política y económica de la comunidad mundial, claro que se fundará un nuevo orden de convivencia y vinculación internacional sin precedentes en la vida contemporánea. Sin duda, la globalización se hizo arenisca.

Los efectos emocionales, sicológicos, en la salud física y en la economía son tan diferentes como distantes los polos de desigualdad en México.

La obesidad, el sobrepeso, la hipertensión y otras enfermedades prevenibles y otras con condiciones genéticas son producto también del abandono en las decisiones a favor de los menos favorecidos. Nunca se debió permitir envenenar a nuestra población con alimentos tóxicos, pero legales en su consumo. Ha matado más gente el abuso de azúcar y carbohidratos que las drogas.

La ignorancia y la guerra política han sido dos sustancias usadas como nitroglicerina, se ha abusado de la coyuntura desde la óptica de la inmortalidad. Un absurdo funesto que se propagó en el mundo entero, es vil.

Ser portador de COVID entraña reflexiones sobre lo que nos dejará esta faceta de la historia de la humanidad, no todos podrán salir del túnel, por destino o por consecuencia. Los supervivientes aprenderán a fundar ese nuevo orden humano.

Política es eficiencia, es transformación, optimismo y confianza; defender la legalidad sin sumisión, con convicción de lo que beneficie a la mayoría. Mostremos humanidad y madurez; nadie está exento, ni ahora ni después, es momento de cambiar, unidos siempre por el amor a la patria.

Texto publicado originalmente en: https://www.excelsior.com.mx/opinion/ricardo-peralta-saucedo/portador-de-covid-19/1381171

Leave a Comment