¡EL REY HA MUERTO, VIVA EL REY! por Ricardo Peralta Saucedo

Publicado originalmente en Excelsior

Después de una tormentosa viruela, Luis XV murió, los delfines Luis Augusto y María Antonieta asumirían la corona francesa, ambos menores de 20 años, él un hombre débil, inexperto y banal, ella hermosa, impetuosa, frívola y despreciada por su origen…

 

Después de una tormentosa viruela, Luis XV murió, los delfines Luis Augusto y María Antonieta asumirían la corona francesa, ambos menores de 20 años, él un hombre débil, inexperto y banal, ella hermosa, impetuosa, frívola y despreciada por su origen austriaco y poca identidad con el pueblo francés.

Cuando estalló la Revolución Francesa, la familia real huyó, pero fueron capturados, Robespierre, entre otros, sometieron a la Asamblea Legislativa y fulminaron los poderes dados al rey. Luis fue guillotinado frente a la multitud.

La cabeza de María Antonieta fue mostrada por el verdugo al gentío, se coreaba “¡Viva la República!”, no había mayor espectáculo para saciar las ansias de los revolucionarios, ver caída la monarquía que tanto les vejó y llevó al nivel de inmundicia y podredumbre social.

Precedió a esa condena a muerte un juicio, donde su abogado Romain de Sèze, a sabiendas que no tenía ninguna posibilidad de ganar, le asistió. Todos los bienes de la esposa del rey habían sido confiscados, estaba en harapos después de más de siete meses en calabozos y malos tratos, sin embargo, el único bien que poseía era su abanico, con éste pagó los honorarios del abogado, pues simbolizaba la única fortuna en su haber.

El abanico, que hoy se conserva en la Barra de Abogados francesa, es el símbolo de la abogacía en Francia, es considerado por la lealtad, valentía y desinterés que debe prevalecer en el ejercicio de la abogacía.

Esa Revolución y sus ideólogos ha sido inspiradora de grandes pensamientos libertadores en el mundo, esos grandes cambios sociales que transforman generaciones e historia.

Cuando en nuestro México se condenan hechos lamentables de otros países, pareciera que no estamos siendo lo suficientemente autocríticos, las crisis de corrupción que han vivido otros países son tomadas por el Estado de derecho, no solamente por el escándalo mediático.

Esta semana, el expresidente de Perú, Ollanta Humala, y su esposa pernoctan en la misma prisión que Fujimori, acusados de corruptos, tenemos casos similares en Brasil y Guatemala.

Sus andamiajes legales se han perfeccionado con el tiempo, sus instituciones les han permitido cosechar credibilidad. Comenzaron la labor de limpieza hace décadas, no postergaron por intereses políticos un tema de supervivencia nacional. La lucha anticorrupción se convirtió en la columna vertebral de las políticas públicas.

El próximo 18 de julio se tendrían que implementar los Sistemas Locales Anticorrupción y el nacional, es una responsabilidad compartida, falta más compromiso social, más interés en el proceso, en lo que todos coincidimos es en que tenemos un grave problema, que  tiene solución, que está garantizado en nuestra Constitución y que debe hacerse valer.

La perfección de las facultades legales para el SNA y sus engranajes operativos es imperativa, pero lo es también subir el nivel de las sanciones a los delitos por hechos de corrupción, hoy por ninguno, un imputado estará privado de su libertad. La restricción del fuero sigue sin discutirse formalmente. El destino de los miles de millones de pesos del erario a manos de exgobernadores se desconoce, ¿los necesitamos presos para que se reintegren esos activos? ¿Dónde está el dinero?

No esperemos a la coyuntura política para evitar temas trascendentes para nuestro México, se acerca 2018; en muy poco tiempo, el interés electoral será lo único que se procese, se debe lograr la puesta en marcha del Sistema Nacional Anticorrupción. Los ciudadanos lo demandan. Enfrentemos a la justicia contra el poder.

Por Ricardo Peralta Saucedo

*Catedrático, Facultad de Derecho, UNAM

Twitter: @ricar_peralta

 

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