10 de Agosto de 2020

Hace unos días leí de un decano profesor universitario que vaticinó como fracaso el modelo propuesto para impartir educación a millones de alumnos por televisión. Su visión está anquilosada.

La nostalgia por las clases presenciales la comparto, no se sustituye, pero lo único permanente es el cambio de paradigma por el covid. Es una realidad mundial que no sólo cambia el sistema de enseñanza-aprendizaje, sino la convivencia física-humana, temporal o permanentemente. Las nuevas generaciones están más que habituadas al uso de nuevas tecnologías, nacieron con la vida táctil en las venas.

La pandemia también modificó el impulso de un medio de comunicación en franca extinción, la televisión abierta. La apuesta por el internet como alternativa única a través de las plataformas de videoconferencias hoy se pone en competencia ante la insuficiente realidad de atender a quienes carecen de conectividad en el país.

La suma de miles de kilómetros de fibra óptica que ofrecen las diversas empresas a nivel nacional, más las de algunas empresas públicas, podrían satisfacer la demanda nacional, pero para ello se requiere de un acuerdo donde se exhiba la potencialidad de los oferentes y sus condiciones de servicio. Priorizar al usuario frente a la utilidad económica, la pandemia lo amerita.

En las instituciones públicas, ceder tiempos oficiales o fiscales para fines educativos o de salud, según sea el caso, resulta una obviedad ante la emergencia sanitaria, no requeriría ninguna aclaración o reconocimiento, los protagonismos en tiempos de crisis salen sobrando, son de mal gusto.

La política son buenos resultados, no es a cualquier costo, es estabilidad y paz orgánica en equilibrio, que proceden del equilibrio de los distintos factores que configuran a la sociedad.

Los bienes jurídicos tutelados puestos en riesgo por la pandemia se supeditan a dos primordiales: la vida y la salud.

La educación y la democracia son, entonces, supuestos que deben ser actualizados conforme a la nueva realidad dentro de un entorno donde la tecnología y el comportamiento de la pandemia sean la brújula para su ejecución práctica, sin apasionamientos ideológicos o mediáticos innecesarios.

Sobre la educación, es menester reconocer sobradamente a los profesores de todos los grados escolares y materias. Hoy, además de todo el personal de salud, se encuentran en un pedestal honroso que requiere de la admiración nacional.

Han utilizado sus recursos personales para continuar sus labores educativas; computadoras personales, internet, energía eléctrica y materiales didácticos a favor de millones de estudiantes que siguen en casa.

Debemos agradecer a todos los que han contribuido a que la normalidad que viven los alumnos de nuestro país sea lo más accesible para todos; sin duda, la realidad nacional dejará a algunos fuera, pero el objetivo primordial es que cada vez sean más los que, de cualquier forma, tengan derecho a la educación universal, con o sin pandemia. Es un acto de justicia social y de prioridad de Estado.

Publicado a través de: https://www.excelsior.com.mx/opinion/ricardo-peralta-saucedo/television-internet-educacion-y-pandemia/1398936

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